Nací en una ciudad tan gris como lo es Bilbao en un
invierno que curiosamente no fue tan frío, el de 1977.
Completé mis estudios con éxito
demostrando gran intereses por la literatura. Empecé a escribir prosa en serio
con 17 años, aunque creo que el amor a las letras me viene de familia. Mi
abuela paterna ganó premios de poesía y mi padre también se dedicó a ello. Yo,
en cambio, comencé a escribir poesía como modo de evasión por estar sufriendo
una experiencia vital muy dura. Un motivo tan válido como cualquier otro;
seguir luchando para hacerme valer, para demostrar que soy capaz de salir
adelante.
Y seguiré luchando mientras mi corazón siga
latiendo, mientras no expire mi último aliento.
Escribo para mí y para que el
día de mañana mi hija sepa que su madre hizo cosas que merecieron la pena. Ella
es mi mejor poema.
He ganado algunos pequeños
premios literarios tanto en castellano como en euskara, lengua que también
domino, y he podido publicar algunos de mis trabajos.
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